Casos especiales
La mayoría de las palabras españolas se separan sin discusión: se aplican las reglas de la separación en sílabas y ya está. Pero hay un puñado de casos en que la norma admite dos respuestas, o en que lo enseñado en clase no coincide con lo que se pronuncia. Aquí están reunidos, con la respuesta de nuestro contador y, cuando hay dos, con el porqué de ambas.
La hache entre vocales
La hache española no suena. Por eso, entre dos vocales, no separa nada: las vocales se comportan como si no existiera. Si formaban diptongo, siguen formando diptongo, y la hache viaja con ellas dentro de la misma sílaba: prohibirprohibiraguda, rehusarrehusaraguda, ahumarahumaraguda. Si formaban hiato, siguen separándose: búhobúhollana, ahíahíaguda, vehículovehículoesdrújula.
Hay un caso que parece desmentirlo y no lo desmiente. Cuando se juntan tres vocales y la de en medio es cerrada y átona, se pronuncia como semiconsonante y arranca la sílaba siguiente: cacahuetecacahuetellana, ahuecarahuecaraguda, vihuelavihuelallana. Fíjate en que el diptongo de la izquierda no se conserva: la u se va con la vocal de la derecha, porque le valían las dos parejas y gana la de después. La hache, como siempre, no crea frontera.
En muchos cuadernos escolares se separa «pro-hi-bir», como si la hache empezara sílaba. Nosotros escribimos «prohi-bir» porque es la única manera de explicar la tilde de «prohíbe»: si la hache separara de verdad, no haría falta. Las dos se leen igual en voz alta, y en un examen «pro-hi-bir» puede darse por buena: responde a otro criterio, el gráfico de los cuadernos. Pero no la busques aquí: nuestro separador no la da ni como principal ni como variante.
Después de consonante, en cambio, la hache sí abre sílaba: deshacerdeshaceraguda, inhumanoinhumanollana, exhaustoexhaustollana. Y la hache no impide nunca que una vocal cerrada con tilde rompa el grupo, como se explica en diptongo, hiato y triptongo.
La letra y
La ye lleva doble vida. Al final de palabra y delante de consonante funciona como vocal y se queda pegada a la vocal anterior: reyreymonosílabo y bueybueymonosílabo son de una sola sílaba, virreyvirreyaguda de dos. Delante de vocal es consonante y abre sílaba: mayomayollana.
Para la tilde ocurre algo curioso: esa misma ye final cuenta como consonante. Por eso las agudas terminadas en ye no llevan tilde, aunque suenen igual que las terminadas en vocal: jerseyjerseyaguda se escribe a palo seco. Pero esa es media regla. La otra media casi nunca se cuenta: si la palabra es llana y acaba en ye, la tilde sí aparece, porque una llana acabada en consonante que no sea ene ni ese la lleva. Así, «yérsey», la forma ya adaptada al español, lleva tilde: yérseyyérseyllana.
El grupo tl
El grupo de te y ele es el más repartido geográficamente. En gran parte de América, en Canarias y en zonas de España se pronuncia junto y empieza sílaba: atlasatlasllana, atletaatletallana. En el centro y el norte de España se pronuncia partido: «at-las», «at-le-ta». Las dos son correctas y mostramos las dos, con la primera como principal por ser la de más hablantes. Con las palabras venidas de lenguas americanas pasa lo mismo: también salen con dos particiones. cenzontlecenzontlellana lleva de variante «cen-zont-le», y atlatlatlatlaguda lleva «at-latl». En náhuatlnáhuatlllana no hay variante, pero la razón no es su origen: el grupo está al final y detrás no le queda ninguna vocal que abrir.
Prefijos: sonido contra morfema
Cuando un prefijo acaba en consonante y la raíz empieza por vocal, las sílabas se cuentan por el sonido: la consonante se va con la vocal siguiente: desamparodesamparollana, inútilinútilllana. En eso no hay discusión. La otra respuesta, «des-am-pa-ro», «in-ú-til», no cuenta sílabas: es la regla de cómo cortar la palabra con guion al acabarse el renglón, y esa sí respeta la frontera del prefijo. Son dos preguntas distintas, y por eso el contador enseña la segunda aparte, como variante.
Esa variante aparece con cuentagotas. Detrás no hay un mecanismo que se aplique a toda palabra, sino una lista cerrada de quince palabras revisadas a mano. Con un mecanismo automático —busca un prefijo, mira si el resto existe suelto— el programa vería «en» dentro de «enano» y «sub» dentro de «subasta», y ofrecería cortes que ningún hablante reconoce. Sirve para proponer candidatos, no para decidir. Por eso hay palabras de prefijo clarísimo con una sola partición: inactivoinactivollana y desamordesamoraguda no traen variante, y desarrollardesarrollaraguda tampoco, porque «arrollar» no es aquí la raíz que el hablante reconoce.
El prefijo «sub» tiene su propia excepción: delante de erre y de ele, la be cierra sílaba y no forma grupo, de modo que solo cabe subrayarsubrayaraguda; por lo mismo subliminalsubliminalaguda sale con una sola partición. Cuando el prefijo deja de sentirse, vuelve la regla general: en sublimesublimellana no hay detrás ninguna palabra «lime», así que manda el grupo «bl». Aun así el contador guarda «sub-li-me» como variante: está asentada en los diccionarios y responde a una pronunciación real.
Los adverbios en -mente
Estos adverbios llevan dos sílabas fuertes, cosa muy rara en español: la del adjetivo de origen y la sílaba «men». La tilde se escribe si y solo si el adjetivo la llevaba: rápidamenterápidamentellana y cortésmentecortésmentellana la conservan, lentamentelentamentellana no la necesita porque «lenta» tampoco la tenía. El adverbio nunca gana ni pierde tilde por su longitud.
Los monosílabos después de 2010
Que ciertas combinaciones de vocales cuenten como diptongo siempre, pronuncie quien pronuncie, no es idea de 2010: ya venía de la ortografía de 1999, y desde entonces guionguionmonosílabo y truhantruhanmonosílabo son de una sola sílaba. Aquella norma todavía consentía ponerles tilde a quien las dijera en dos golpes de voz, y ese permiso es lo que retiró la «Ortografía de la lengua española» (RAE y ASALE, 2010). Y conviene decirlo sin rodeos, que es la parte que suele callarse: escribir hoy «guión» es una falta, no una opción. Un monosílabo no lleva tilde salvo que pertenezca a la lista cerrada de la tilde diacrítica. En los libros anteriores a 2010 esas tildes no son erratas: eran la norma de otra época.
La equis
Entre vocales la equis vale por dos sonidos, pero para la escritura es una sola letra y viaja entera a la sílaba siguiente: examenexamenllana. Delante de consonante cierra la sílaba anterior: extrañoextrañollana. Al principio de palabra, en cambio, vale por una ese sencilla, aunque la letra escrita sea la misma: xilófonoxilófonoesdrújula.
Las letras dobles
Aquí se mezclan a menudo dos cosas que el contador tiene separadas. Los dígrafos son tres: che, elle y erre doble. Cada uno se lee como un sonido único, no se parte jamás y viaja entero a la misma sílaba: muchachomuchachollana, perroperrollana.
La u de «gue, gui, que, qui» es otro asunto y no forma dígrafo: no suena, no cuenta como vocal y no aporta núcleo de sílaba. Por eso «guitarra» tiene tres sílabas y no cuatro: guitarraguitarrallana. Con diéresis cambia otra vez: la u recupera voz y entra en el diptongo, como en pingüinopingüinollana.
Palabras venidas de otras lenguas
Aquí la norma se vuelve más discutible, porque conviven la pronunciación original y la española. Las que ya están adaptadas se separan y se acentúan como cualquier palabra nuestra: fútbolfútbolllana, cruasáncruasánaguda, jerseyjerseyaguda. Las que conservan su grafía extranjera producen grupos de consonantes que el español no tiene: el contador las trata con las reglas españolas, que es lo que hace un lector español al leerlas en voz alta.